HECHO Y DESHECHO EN CASA

FERRAN GARCIA SEVILLA
14.05 - 20.07.1998

SALA 1
La exposición se inicia con dos documentos de la época conceptual de Ferran García Sevilla, recién redescubiertos casualmente después de haber sido dados por perdidos, que introducen adecuadamente algunos de los temas que le preocupan en la actualidad.
Se trata de dos fotografías en las que se dibujan con cerillas unos rastros de luz, o de fuego, que parecen salir de los ojos del artista. Frente a sus cuadros recientes, como el díptico de color rojo que el pasado año se expuso en la Fundación Pilar i Joan Miró de Mallorca -y que continúa la serie de pinturas que presentó en el Pabellón Español de la Bienal de Sâo Paulo el año pasado—, estas imágenes se convierten en metáfora de un entendimiento de la pintura —la imagen— como plasmación de múltiples energías.
Estas energías se convierten en una nebulosa de goteos y líneas rápidas superpuestas que crea un volumen incorpóreo y vibrátil de naturaleza metafórica. Probablemente nos dicen que lo inefable es impresentable más allá de unos movimientos frágiles y nerviosos que son algo así como la constatación de su búsqueda. De esta forma, lo que en apariencia es una abstracción se convierte en símbolo de una empresa tan trágica como absurda porque, si hay un secreto, este permanecerá indesvelable.

SALA 2
En los últimos años, Ferran García Sevilla ha incluido en el repertorio de las músicas que siempre escucha mientras trabaja, las pulsantes texturas rítmicas de la música techno, las cuales se relacionan, en último término, con trances y experiencias rituales. En sus obras recientes, la repetición celebratoria de gestos, formas y colores pueden verse como un eco de las estructuras rítmicas y melódicas de esas músicas de baile electrónicas.
Las superficies de los cuadros que constituyen aquí un segundo y compacto grupo de obras se caracterizan por estar recubiertas de elementos repetidos con formas que sugieren cerillas, cometas o espermatozoides verticales. Estos elementos forman una imagen mural que remite a una lluvia de fuegos que sólo llegan al cielo durante un instante para desvanecerse después tan inmediata como irremediablemente. El artista parece sugerir así, de nuevo, que son imposibles las verdades definitivas y, además, que la pintura es simplemente pintura.

SALA 3
Ferran García Sevilla persigue siempre la ambigüedad, habiendo hallado en la abstracción, en estos últimos años, un terreno perfectamente apropiado para ella.
Sus últimos cuadros eluden tanto lo metalingüístico —una pintura musical, que es sólo forma pura— como lo narrativo —algo a lo que tiende lo representacional—. En su lugar, intenta que la pintura, y sólo con sus atributos, hable de sus limitaciones y de sus posibilidades, qué es y qué se puede hacer con ella.