PINTURAS

JUAN GIRALT
05.06 - 30.06.2001

Juan Giralt o la forma del deseo 

Sobre Juan Giralt se ha escrito mucho y bien. Sin embargo ahora que estoy hojeando catálogos y escritos sobre el artista, me ha llamado especialmente la atención un pequeño texto escrito por él mismo Se trata de una de las pocas manifestaciones que conozco del propio Juan Giralt; más aún, es una especie de autorretrato como creador que se inicia con una declaración de principios: la pintura y su afirmación como pintor. En este punto en concreto se resumen las inquietudes de nuestro artista.

Pero decir pintor o pintura es decir bien poco porque todo el mundo sabe que la  palabra pintura, densa en significados y aceptaciones, es más profunda que el mar  y posee multitud de interpretaciones. Además, el mismo artista me comentó cuando contemplábamos un cuadro: «la pintura no se puede definir». Estábamos los dos observando un derrame de pigmento muy cerca, en aquella zona donde la pintura se deshace en un sinfín de transparencias y matices. Efectivamente, aquello no podía describirse con palabras.

Entonces ¿a qué viene esa declaración de principios y esta afirmación como pintor? ¿Qué quería decirnos el artista? ¿Acaso eran palabras vacías? Conociendo la obra de Juan Giralt, intuyo por qué habla de una afectación por la pintura y por qué la pintura es indefinible. En términos muy amplios la obra de Juan Giralt es la expresión del deseo; es la pintura hecha deseo. Naturalmente cuando se habla de Juan Giralt se alude a un arte de la construcción o de la estructura, también se hace referencia a una hábil síntesis de valores opuestos, de organización de fragmentos, además de ocurrentes metáforas en que los cuadros se comparan a tejidos, mosaicos o a paisajes. Todo. Esto es cierto y está bien explicado. Pero me pregunto qué hay detrás de esta estructura, de esta síntesis de Juan Giralt. Sin duda alguna hay algo más.

El arte de Juan Giralt es un arte de la seducción, un arte que busca un estado forma ideal. Por esta razón he aludido al deseo, porque Juan Giralt construye la pintura como una suerte de utopía o arcadia. Expresión de una idea de equilibrio o de síntesis de contrarios, su obra es como un espacio robado al sueño o la eternidad, un espacio ideal. Ésta me parece que es la manera de contemplar su pintura, o mejor, la manera en que yo entiendo su obra. De hecho, buena parte de la historia de la pintura -aunque no toda- busca este espacio otro, un más allá, tremendamente sensual y conmovedor: la pintura como deseo.

Juan Giralt busca esta forma ideal, pero esta búsqueda exige un proceso muy árduo y complejo de probaturas y rectificaciones, de avances y retrocesos… En la manera de trabajar de Juan Giralt hay algo de heroísmo: cada cuadro es una batalla. Posiblemente Giralt inicia sus piezas espontáneamente; una anécdota, una mancha, un color le son útiles para empezar un lienzo. Luego va articulando una estructura geométrica con aquellos elementos que forman la base de su personal lenguaje: planos de color, trazos improvisados, collages, estarcidos, etc…. Elementos simples pero sometidos a una infinidad de variables y combinatorias. De este modo se comprende que el pintar se complica hasta la extenuación porque nuestro artista ha de experimentar y ha de observar cómo reaccionan tales elementos. En la pintura no existen valores absolutos ni reglas fijas; el pintor ha de verificar y controlar con su ojo y oficios unos efectos que por naturaleza son imprevisibles cuando se plasman en la tela. La pintura es algo profundamente vivo, dinámico e irrepetible. Un color, por ejemplo, es algo cambiante e inestable; ya decía Matisse que el tamaño de la superficie modifica el valor del color, que no es lo mismo un centímetro cuadrado que un metro cuadrado del mismo rojo; pero además las texturas, las yuxtaposiciones, su ubicación en el formato, entro otros muchos factores que se podrían citar, también lo transforman y lo alteran. Así Juan Giralt, ensaya, elimina, añade, tantea, hasta encontrar la forma ideal, este milagro -o deseo- inexplicable al que antes aludía. Yo me imagino este proceso como una captura, una caza o si se quiere un descubrimiento al que asiste Juan Giralt en primer lugar y en primera persona. Es su ojo quien advierte y quien atrapa la imagen final. Interesa señalar que la creación de las pinturas de Juan Giralt, entre lo espontáneo y el cálculo, es un proceso abierto, un viaje que cuando se empieza no se sabe cómo terminará. El artista posee un archivo fotográfico en el que va registrando el proceso, las etapas de esta búsqueda. Cada obra está fotografiada varias veces según avanza o se rectifica. Este archivo es un instrumento de reflexión para el pintor; también ayuda a comprender su método de trabajo: cada obra es un proceso y una historia diferente. Pero para mí significa el esfuerzo del artista -¿podría decir sufrimiento?- hacia esa forma ideal, hacia ese deseo que construye Juan Giralt.

Juan Giralt se sitúa en una tradición de la pintura moderna, la pintura como construcción o estructura. Pero interesa señalar la sensibilidad con que nuestro artista encara esta tradición, aquello que hay de suyo, personal y original. Ya se ha dicho antes que el pintor busca una suerte de equilibrio o de ideal a partir de la síntesis de contrarios: collage/pintura, transparencia/opacidad, trazos/plano, orden/disonancia, palabra escrita/pintura, superficie/profundidad, etc. Esto es verdad, pero esta oposición de contrarios posee una dimensión mucho más amplia. Me temo que en Juan Giralt existe por un lado algo profundamente emocional y por otra parte un registro que sigue los dictados de la lógica, de la reflexión, del juicio. La invención y el arte de nuestro artista se expresan en este diálogo de contrarios que es ante todo una cuestión de actitud, de personalidad artística y que ya se puede percibir en sus primeras etapas. Quien preste atención al catálogo de la exposición que el pintor realizó en la mítica Galería Vandrés en 1974, observará una lógica de continuidad con los trabajos actuales. No es el momento para realizar una biografía artística, ni para valorar aquella exposición que representaba la superación del informalismo en al trayectoria del artista. Interesa destacar que bajo el título de Papeles, recortables, collages Juan Giralt presentó una serie de obras que fueron calificadas de carnaval de color y sensualidad; pero al mismo tiempo hay en ellas una idea de control y cálculo que se manifiesta especialmente en la utilización del papel cuadrícula y en las composiciones positivo-negativo que sujetan la imagen. Hoy por hoy, el pintor se expresa con un lenguaje diferente; pero en su itinerario es posible identificar una misma lógica interna, un hilillo que nos ayuda a explicar su personalidad como una fusión de caracteres que a priori parecen irreconciliables; lo emotivo y lo racional. Desde siempre la pintura de Juan Giralt se expresa como una solución, un punto feliz sobre la contradicción. De ahí lo delicado y la gran complejidad de su trabajo porque Juan Giralt mezcla unos valores que son como aquellas medicinas que administradas sin las dosis o proporciones adecuadas se transforman en un veneno mortal. En fin, cuando se habla de mestizaje o síntesis en Juan Giralt, se está diciendo que articula un mundo de disonancias, de elementos dispares e ilógicos entre si, pero que el artista sabe dotar de forma y sentido plásticos. No se trata de un juego, es una manera de ser pintor.

Jaume Vidal Oliveras