LA IMAGEN LÍQUIDA

ANTÓN PATIÑO
26.04 - 31.05.2001

Emblemas poderosos

En un momento en el que el bricolaje sustituye cualquier planteamiento compositivo y los riesgos artísticos tienden a neutralizarse en el pataleo infantil, la propuesta mítica de Antón Patiño adquiere una tonalidad principalmente épica. Es Patiño uno de los pintores españoles que con más lucidez ha reflexionado sobre su tarea, estableciendo una filiación en la que ha sabido desbordar las propuestas del expresionismo abstracto y la canonización del informalismo, desarrollando una materialidad intensa sobre la que despliega unos dibujos pulsionales que tienden hacia lo emblemático. Después de su exposición reduccionista en el CGAC, Patiño encontró una energía renovada que le ha llevado a componer algunos de sus mejores cuadros.

Las sillas vacías, el contorno de las ánforas que remite al naufragio poético y a una arqueología de la memoria, los ciclistas de un nomadismo lúdico, comparten espacio con la red temblorosa, distorsión de la retícula moderna, que Patiño introduce como huella de inmediatez. Las manchas, especialmente las negras que aluden al petróleo derramado en el mar, convierten el espacio pictórico en una suerte de catástrofe vertiginosa en el que se elude cualquier conformismo decorativo o la sedimentación lírica tan socorrida. Este pintor ha aludido en alguno de sus magníficos escritos al caos beckettiano en el que se encuentra una forma de verdad consciente de que la turbulencia y la fragmentariedad son rasgos de la experiencia perceptiva moderna. Aquella figura del rizoma que Deleuze y  Guattari pusieran en el umbral de su inmersión en la esquizofrenia y en la conspiración de lo antiproductivo ha sido motivo de inspiración constante en Patiño que ha preferido la entrega a la gestualidad frente a la conservación manierista de los accidentes o a la fascinación por la pulcritud fenomenológica del minimalismo.

En las obras recientes, este creador alude constantemente a la arcilla y, por supuesto, al agua, ese mundo fluido en el que la identidad queda diseminada. Patiño busca una imagen líquida que sea intrínsicamente germinal, quiere fluir, paradójicamente sobre un dominio que en algún sentido, es desértico.

Ante los actuales grandes formatos de Patiño comprobamos que está en plenitud de sus recursos expresivos. Cuadros como As sinais-raíz o Gran labirinto de Gundivós son contundentes ejemplos de la intensidad pictórica de este sujeto de mentalidad selvática. El recuerdo del país de las lluvias, ajeno a la nostalgia de la Naturaleza, implicado en la prosa mestiza de lo metropolitano, rezuma en obras que surgen desde una convicción en el potencial rebelde de la experiencia artística. La materia se somete a la metamorfosis; el simbolismo perfora las certezas de la cotidianidad; el desafío vertical del cuadro vuelve, de forma aborigen, a conmovernos.

Fernando Castro Flórez