ORILLAS
Santiago Serrano (Villacañas, Toledo, 1942), inició su trayectoria artística en Madrid en los años 70, junto a un grupo de artistas que protagonizaron el retorno a la pintura como práctica dominante. Desde entonces y con un ideario estético propio, ha manifestado, en la totalidad de su obra, su fidelidad hacia los caminos de la abstracción que cultiva siempre con un lenguaje austero y con una gran pureza formal y cromática.
Serrano se mueve dentro de los parámetros de la más rotunda abstracción, proporcionando una aparente simplicidad a sus obras que esconde una profunda reflexión y una cuidada y dificultosa elaboración en la que todo está perfectamente calculado. Siempre leal a un concepto puro de pintura como arte inmediato y espiritual, ha descubierto caminos nuevos al uso del color y a las posibilidades que le ofrecen las texturas de los materiales y las formas heterogéneas de sus obras. El color se ha ido cargando de contrastes y se ha llenado de veladuras y transparencias. Sus obras más recientes, que constituyen esta exposición, las tituladas Orillas suponen un compendio de su universo visual.
“… Las últimas pinturas realizadas por Santiago Serrano -la serie que ha titulado Orillas- implican una reorientación de las interpretaciones hasta ahora establecidas, y son, desde luego, un paso germinal de una nueva andadura, que marca con huella profunda el ánimo del espectador.
… Curiosamente Robert Rosenblum eligió el cuadro Monje a la Orilla del mar, de Caspar David Friedrich, para iniciar su historia del arte contemporáneo como heredero del romanticismo centroeuropeo; Rothko le dio el título de Slow Swirl at the Edge of the Sea (Lento remolino a la orilla del mar) a una de sus pinturas vertebrales de los años cuarenta -y en la que resultan evidentes las influencias hacia el vacío del Miró de los años 20 y del Klee de los 30, amén de la huella de Gorky- y Santiago Serrano a elegido el título de Orillas para la última serie suya, en la que cabe detectar, creo que sin error, el cumplimiento de un empeño pictórico y poético.
Orilla, proviene de “aura”, y no acepta el artista el sentido de línea que limita una superficie o de límite entre la tierra y el mar, el cauce de un río, etc. No creo que le gusten tampoco demasiado otros significados que le adjudica María Moliner en su forma verbal orillar: Arreglar, ordenar o desenredar un asunto. Evitar o sortear alguna dificultad u obstáculo.
En ocasiones, las obras de los artistas se convierten en entes dotados de identidad propia, que ocupan, incluso invaden, el espacio del espectador. Algo así ocurre con las piezas que conozco de la serie ahora iniciada. Imponen su majestuosa y sólida presencia -acentuada por la anchura (alero de sombra) del marco, que es aquí componente vertebral de la imagen, y al que el pintor considera “la cas del cuadro”- y, desde la armónica partición de la superficie, desde la economía de sus medios (nada alejada de la habitual en el artista, pero que aquí se despliega hacia sus límites llevada por el vuelo del color), provocan emociones subjetivas, intensas y perdurables, privilegio del arte grande.
Mariano Navarro (“Santiago Serrano: La sombra de la Mirada”, 1999)






