TERRESTRIAL

DENNIS HOLLINGWORTH

La Galería Miguel Marcos tiene el placer de presentar Terrestrial, una muestra que conforma la tercera individual del artista norteamericano Dennis Hollingsworth en la ciudad de Barcelona. 

Terrestrial es un proyecto de creación e investigación artística que se articula a partir del diálogo cosmos-pintura; un diálogo mediado no sólo por el acto pictórico en sí sino por la relación que se genera entre el propio artista y los elementos que intervienen en este ejercicio. El resultado se traduce en más de una decena de obras de diversos formatos cuidadosamente seleccionadas que visibilizan este diálogo reflexivo entre el autor y su obra. 

El cosmos, generalmente entendido como la antítesis del caos, es el punto de partida desde el cual el artista reflexiona sobre los principales agentes que fundamentan esta propuesta. Por una lado, el cosmos le sirve a Hollingsworth para aproximarse a esas “partes de universo” contenidas en los pigmentos que utiliza para pintar. Y por otro, pensar el cosmos le invita a cuestionarse la posición que él mismo ocupa, como pintor, dentro del “sistema mundo”. 

Este interés manifiesto en la materia con la que la pintura adquiere una forma y sentido determinado conecta lo físico y lo mental, el espacio y el tiempo o el hombre con una naturaleza cósmica ordenada y armónica en la que se encuentra anclado y propulsado por la gravedad. Y así, esta muestra se sitúa en el intersticio metafórico que existe entre el cielo y la tierra para proponer un nuevo acercamiento al lenguaje de la pintura cargado de elementos que hacen referencia a esta fisura simbólica, la cual queda unificada a través del neologismo terrestrial que da título a este proyecto.

La manera en la que el artista corporeiza este lenguaje es mediante una pintura vibrante, ordenada, racional, decidida, intuitiva y/o metódica; una pintura organizada en forma de largos recorridos de óleo empastado que se mueve, amablemente, por la superficie que abarca el lienzo. El mismo óleo que hace de la pintura una carne voluptuosa, orgánica y sensual que conecta y justifica el carácter “terrestre y celestial” que adquiere la obra. En este sentido, estas conexiones revelan la conversación más íntima del artista con una pintura que, contextualizada en un espacio-tiempo plagado de erizos, montañas y relieves, está en continuo movimiento, transformación o, en definitiva, fluidez terrestrial.