SOMBRAS DE HUMO

SANTIAGO SERRANO

Si durante los últimos años, fueron series como Abanderado, Llaves u Orillas, las que remitían a  una lógica secuencia experiencial de las facultades de la superficie pintada, para presentar identidades plásticas consistentes, pero no cerradas, mediante el uso casi exclusivo de particiones, tomando materia y forma como instrumentos de un proyecto pictórico en constante transformación, en los años recientes el trinomio línea, plano y color establece nuevas y poéticas interrelaciones, donde la esencialidad formal continúa guardando los secretos de esa obra total nunca del todo finalizada. 

 

La armonía que destilan estos nuevos cuadros de Santiago Serrano, agrupados ahora en la serie Sombras de Humo responde a una evolución que en el caso de este artista, no ha sido forzosamente lineal sino coherente a su coyuntura personal, a través de la cual, el pintor retoma aspectos del pasado y del presente en un constante ir y venir dentro de un territorio siempre ligado a la abstracción.

 

Como viene siendo habitual sus obras, la geometría organiza el espacio bidimensional del cuadro, sin embargo, es el color y su matices el que da vida a la obra, así es de nuevo el color el rey indiscutible en las obras del artista manchego, y de él se sirve para crear campos de una enorme sutileza cromática, divididos por la línea recta.

 

A diferencia, de series anteiores pero, ya no interesa tanto la reiteración modular derivada de una figura geométrica dada, cuanto la búsqueda de ese equilibrio a través de pigmentos diluidos o condensados en ámbitos cuadrangulares que se complementan de manera natural, sin tensiones artificiales. Es el desarrollo fluido, nada forzado de la pintura, la suavidad de los tonos quebrados y su cualidad de crear atmósferas: grises, ocres, marrones, salpicados de negros pizarroso; es también la capacidad inmensa de provocar la emoción a través del pigmento y de llevar al espectador hasta el infinito de una superficie que se extiende en profundidades interiores, lo que realmente conmueve de estas piezas. En ese paisaje fragmentado física y mentalmente, la pintura se representa a sí misma sin la necesidad de apoyos exteriores.

 

Por otro lado, la evocación, ya sea mitológica, poética, filosófica... es un juego al que no renuncia el espíritu artístico de Santiago Serrano, siempre que no esté reñida con la economía de medios en la que se cimienta toda su creación; ello exige un compromiso firme consigo mismo y con el arte. Es decir, la belleza entendida desde un prisma reduccionista que a su vez abrace a la poesía y lo elevado del ser humano, manifestación sublime del sentimiento.