REAL

CHEMA COBO

Con el título de la muestra invito al espectador a ver esta como otra pieza más de la exposición en la que los cuadros pueden relacionarse unos con otros como partes de un discurso aun más amplio, con independencia de la autonomía de la que goza cada cuadro como elemento de la muestra misma. El título, bien sea de un cuadro o de una exposición nunca es descriptivo ni explicativo de nada, más bien actúa como señuelo, a veces paradójico, a veces irónico, tanto de una manera como de otra actúa como contrapunto evitando lecturas o visiones frontales y simples. Las imágenes que aparecen en los cuadros, las elijo de forma caprichosa. Normalmente me inclino por hacer uso de aquellas que más indiferentes me resultan, las menos atractivas y alejadas de mis gustos y de las soluciones plásticas fáciles para mí. Con ello evito cualquier tipo de efectismo fácil. La imagen, cuanto más distante y muda se me muestra, más adecuada me parece para la aventura.

La fecha de caducidad de las imágenes es cada vez más corta. Las imágenes ya no tienen ni capacidad para contarse a sí mismas; ilusamente creemos que lo hacen. Estas imágenes inertes llegan al lienzo como un amasijo neutro. Gracias a la pintura tal vez logren retomar un cierto poder de representación, una vuelta a la vida nada estática y sobre todo rica por su capacidad para asombrar al reaparecer en un escenario ambivalente, donde las fronteras del código ficción realidad son elásticas y caprichosas. Aspiro con ello a que todo aquello que es extraño parezca normal y todo aquello que parece normal aparezca como extraño.

Mi trabajo en el cuadro nada tiene de gestual. ¿Es analítico? En parte sí, valga la paradoja. No hay desde luego pretensión de «estilo» en absoluto. Para mí los estilos son herramientas aptas para usar cuando la ocasión lo requiere, así pues el gesto, en los momentos en que he recurrido a él ha sido una simulación y su finalidad, instrumental. ¿Qué pretendo con todo esto? Es más fácil pintarlo que contarlo, sin embargo tomo el riesgo que augura un fracaso de intentar hacer esto último. Ironizar, enfriar, dislocar, marcar distancias, éste es el campo de trabajo. Todo este proceso de mostrar ocultando, de esconder enseñando, son las herramientas perfectas para los propósitos antes esbozados. Recuerdo una pieza mía del año 1991 en la que puede leerse sobre una partitura en blanco un texto también pintado en blanco que dice: Half of everything is secret and the other half is hidden. Léase esta manifestación como anuncio de algunas de las estrategias que mueven mi obra y que se hacen visibles en el resultado final que se presenta al espectador. 

Esta exposición, Real, está, planteada —igual que las anteriores— para ser vista en un espacio determinado, en este caso la galería Miguel Marcos en Barcelona. Si bien cada cuadro es autónomo y puede ser visto como tal, en relación con los demás invita a una visión y lectura más prolífica y compleja. A su vez cada uno de los espacios de la galería con sus cuadros es un acto de la obra final.

Chema Cobo