PINTURAS

CHARO PRADAS

Charo Pradas ha ido de lo orgánico a lo geométrico, aunque siempre sin objetos, con cuanta distancia deseemos su camino semejará al de los orfistas que fueron de lo figurativo al abstracto. Las mitades contrapuestas, los choques que plantea Charo Pradas –curva contra curva, ángulo contra ángulo, semicircunferencia contra semicircunferencia, color contra color, claro contra oscuro- conservan algo y aún mucho de raíz emotiva. Bandas concéntricas o paralelas, además de las capas superpuestas, producen el impacto movedizo de ondas vibratorias como las de la luz y el sonido. O como las mareas emocionales.

A las “cosas” que pinta Charo Pradas se les han caído las etiquetas de los nombres. Incluso los calificativos genéricos, como “plantas” o “minerales”, quedan fuera de lugar o les estorban. En ese sentido hablamos de pintura abstracta. A la vez, esas cosas son, o nos parecen, reales, y no sólo la representación o ilustración de ideas.

La obra de Charo Pradas ha evolucionado con el paso del tiempo. En palabras de Enrique Juncosa, “La obra de Charo Pradas parece cambiar con la llegada de cada nueva década. En los años ochenta, cuando se dio a conocer, lo hizo con pinturas surrealizantes, pobladas por plantas y animales tan primarios como ficticios y que recordaban a microorganismos e insectos. En los noventa, un proceso de abstracción de esas primeras imágenes las convirtió, mediante gestos musculares, en ojos, espirales y dianas. Ahora, la nueva década que recién inauguramos nos trae unas pinturas líquidas de imágenes derretidas. El dinamismo de los movimientos curvos anteriores desaparece para favorecer unos nuevos espacios densos y flotantes”.

La artista continúa expresando la ambivalencia entre comunicar e incomunicar. Los asuntos subyacen porque habitan estratos profundos que discurren y modifican las superficies, los resultados. Esta pintura es mucho más rigurosa, si la enfrentamos con la naturaleza, que la mayoría de las que aluden a un supuesto referente próximo.

Las vibraciones de Charo Pradas funcionan de acuerdo con su propia generalización y no con los códigos comunes de las formas regulares y su simple explicación simbólica. Charo Pradas huye de lo provisional (sin que esto contradiga la idea del movimiento); la anécdota no tiene sitio cuando la realidad se construye desde criterios estables que trascienden, una y otra, a la superficie.

Su sencillez repetitiva y eficaz posee un fuerte carácter eidético, es decir, con una larga permanencia en la retina que equilibra, de modo ejemplar, la polaridad intelectual-sensible con su pintura “múltiple, movediza, insistente, febril, vertiginosa, casi alucinatoria”.