PERSECUCIÓN

BALTAZAR TORRES

Baltazar Torres (Figueira do Castelo Rodrigo, Oporto, 1961) es uno de los artistas portugueses con mayor proyección internacional. Comenzó a exponer individualmente en Oporto y Lisboa a principios de los noventa.

A partir de 1996, empieza a trabajar con pequeños formatos, primero en pintura y posteriormente mediante instalaciones sencillas, rozando el minimalismo.

Ahora, Torres expone por primera vez en Barcelona, y lo hace en la Galería Miguel Marcos para exponer su retorno a la pintura con la muestra Persecución, compuesta por quince lienzos al óleo y varias esculturas. Los lienzos, según Torres, son visiones de un fondo marino en descomposición, alterado por la actividad humana. Torres trabaja en Oporto, ciudad portuaria que dio nombre a Portugal. Este país atlántico se destacó por su afán exploratorio allende de los mares, y dejó impronta de su cultura en distintos continentes. Testimonio de ello son Angola y Mozambique, en África, Brasil, en América, o la India y Macao, en Asia. La obra actual de Torres vendría a ser el reverso de la exploración, de la expansión cultural pero también humana por el orbe, y de las consecuencias de la civilización descontrolada.

Informalismo contra progreso, gesto contra geometría euclidiana, dripping contra certezas, la pintura de Baltazar Torres es mucho menos evidente que sus instalaciones, pobladas de pequeños seres asfixiados en medio de construcciones abigarradas. Pero la fuerza de sus pinturas sugiere tormentas no por interiores menos intensas e incontrolables. A caballo entre el proceso y la metarrealidad, los lienzos de Torres conservan una fuerza no ajena a la fatalidad de las pinturas negras de Goya, hipnóticas en el empleo del color, contundentes en las infinitas pinceladas, quebradas en la imposibilidad de la armonía, y aún así, equilibradas en su composición.

¿Fondos marinos o radiografías colectivas? Esa es la cuestión que debemos plantearnos ante sus mudos lienzos, ante los ocres, verdes, amarillos y azules intensos que ejecutan procesos similares al de las distintas corrientes marinas cuando entrechocan, del mismo modo que se confrontan civilizaciones o maneras de entender el mundo. El mismo título de la serie, “Persecución”, ya nos dice mucho de la paranoia cultural ¿No es el progreso la persecución de una sombra, de un sueño? ¿No afirmó Santa Teresa que se habían vertido más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas? Tantas lágrimas que podrían poblar los océanos. La persecución del progreso nos ha convertido en perseguidos por la amenaza del medio ambiente. Toda moneda tiene su reverso. Como los óleos de Baltazar Torres.

Las esculturas presentes en esta exposición, también hablan de persecuciones. Refieren al tema cinegético, a la caza. La civilización mata a la bestia, el hombre domina la naturaleza. Pero ese mismo dominio sin límites le convierte, también, en víctima propiciatoria.