METAL PAINTINGS

CARLOS FRANCO

La galería Miguel Marcos inaugura la muestra individual de Carlos Franco, bajo el título “Metal paintings” que pretende hacer una breve lectura de los últimos años de producción de uno de los iniciadores de la Nueva Figuración Madrileña y presentar la obra reciente sobre la chapa metálica.

 

La figura de Carlos Franco (Madrid, 1951) irrumpe con fuerza en el panorama artístico español, mostrando una pintura de gran personalidad y un dibujo que proyecta la fuerza vital a toda la obra. Obra que desde su principio se ha guiado por unos ideales que ha evolucionado a través de los años, pero a los que siempre ha sido fiel el artista. 

 

Se trata de una pintura dedálica, excesiva, en la que se sucede un número ingente de planos y en la que se desafía la perspectiva central integradora del conjunto, idealmente transitable para el espectador. Para abundar en la dificultad interpretativa de sus obras, un aspecto de sus figuras resulta decisivo. Éstas no se construyen, como habitualmente, a través de un perfilado que determine con rigor la forma de las cosas. Las siluetas de cada una de ellas, así como el espacio en el que se presentan, poseen contornos nítidos y aún potentes.

 

Finales de los años noventa se puede definir como una época de experimentación de materiales en la gran producción de Carlos Franco. En 1996 el artista por primera vez utiliza el aluminio como soporte en su obra. Le fascina la plasticidad de este material que permite múltiples puntos de vista y lectura de la obra, en función de los volúmenes que tenga el cuadro y la propia luz que convierte en la protagonista. La propia actuación de los materiales sobre el soporte de aluminio es otro punto a destacar. En las primeras obras encontramos además de acrílico, arena pegada con cola, hay pintura de silicato que agarra muy bien al aluminio. 

 

En el año 1997 aparece la primera versión de La Menina, pieza que ocupa un lugar importante en la obra del artista y cuya versión del año 2018 forma de la muestra actual en la galería. Pero a diferencia de La Menina expuesta actualmente en la sala, la primera versión apenas tenía la aplicación de la pintura sobre la chapa de metal, se trataba únicamente de la elaboración del soporte, en este caso del aluminio blando. La obra se cambiaba en función de la iluminación, en unos momentos salía todo en oscuro, en otros, al revés, rostros y pliegues iluminados. “El propio soporte metálico se convierte en el protagonista de la obra atravesando la cara, los puntos y las líneas (…) A base de este cuadro surge la idea de hacer una serie completa, compuesta por muchas versiones, porque serian muchos puntos de vista con luz diferente y el cuadro cambia en cada una de estas versiones. “De momento están solo en fotos de paisajes interiores”, comenta Carlos Franco.

La Menina en espejo, 2018 se basa en un trabajo previo sobre la chapa blanda, posteriormente aparece la aplicación de una mezcla de técnicas tanto acrílicas, como de silicato. Está muy aprovechado como parte integrante la estética del aluminio, su tonalidad y su cristalizad que destaca al máximo los efectos de la luz sobre el cuadro. Se trata de una obra geométrica y en gran medida minimalista y en algunas partes adquiriendo ordenes cubistas, pero siempre cautivadora, mientras que la vas descubriendo, lo que te atrapa es todo el juego de los pliegues y de distintos tonos de luz que aparecen sobre el aluminio, permitiendo de esta manera una mínima intervención a través de la pincelada y el dibujo y aprovechando al máximo los efectos de la luz sobre el cuadro.

 

Su producción posee una gran integridad y continuidad que no ha sido contaminada por el mundo externo, sin antes haber pasado por un proceso de asimilación conceptual que revierte en la particular forma de su quehacer plástico y de entender el entorno que lo rodea, matizando por la visión analítica de la realidad.

 

En este proceso intelectual, la mitología se convierte en una de las claves de su iconografía; gran importancia de ello ocupa el paisaje, que había sido aborrecido por las vanguardias y él lo desarrolla a su manera. En él elabora toda su filosofía de concepción del arte: la búsqueda de la pincelada que sea capaz de resolver el espacio, de dar a esa mancha un carácter final, completo, acabado, dotándola de una identidad propia, en definitiva, es dar la pincelada justa. 

 

Esta pintura de paisajes, recurrente en la obra de Carlos Franco, establece el cierto paralelismo con el arte oriental y mas en concreto con la caligrafía, ya que la escritura oriental también posee ese carácter de pincelada completa y final. 

 

Es importante resaltar el tema de la libertad que está presente en algunas obras que componen la muestra actual. Libertad que para ser entendida hay que acudir a sus inicios como artista, en los que sufrió un grave accidente que le mantuvo una larga temporada sujeto a la habitación de un hospital, espacio errado, agobiante, no solo en sentido espacial, sino también emocional. Por lo tanto se genera una necesidad de crear un foco de expansión, un lugar donde la libertad de lo cotidiano se disuelva en libertad, sin ataduras y sin necesidad de artificios. La puerta, en numerosas ocasiones representada en la obra de Carlos Franco, de esta manera se convierte en el punto de fuga al cual se dirigen todas sus miradas, tanto físicas como intelectuales, en busca de un espacio libre que le ausente por los momentos de la prisión de la convalecencia.

 

En la muestra actual presentamos dos obras recientes que tratan el tema de La Puerta, realizadas sobre la chapa de aluminio más dura con bordes muy cortantes. Al artista le gustaba desde el principio esta sensación de la necesidad de tratar con especial delicadeza la pieza al coger. La chapa metálica parece estar flotando por ser el bastidor mucho más pequeño que el soporte de la pintura. La puerta al vesubio, 2015 está compuesta por varios personajes que se encuentran en un espacio geométrico donde en el segundo plano encontramos el paisaje montañoso. El centro de la composición es la puerta y unos rostros llenos de movimiento que van en direcciones opuestas, posiblemente, es una forma alegórica de tratar el tema del paso de la vida, recurrente en la obra del artista. “Hay también una mezcla de técnicas, y hay también una mezcla de significados, hay unas imágenes que te acercan a los mundos del arte primitivos, las otras te acercan a los mundos clásicos.” dice Carlos Franco. 

 

En otro orden de las cosas, el soporte, en este caso el metal, actúa como elemento esclarecedor que nos da la clave para ver más allá de lo que percibimos. Es por ello que su aparición en las obras genera una tensión que tiende a la búsqueda de una solución que sea capaz de descifrar las multiples lecturas que nos guían a una nueva comprensión de la existencia. Las formas tratadas con diferentes puntos de vista, los colores suavizados o potenciados en diversos planos cristalinos de una misma realidad. 

 

La puerta abierta, 2013 narra el mismo tema que el cuadro anteriormente mencionado, aunque esta vez el artista se centra en la elaboración del soporte que crea el eje de la composición. Se trata de una imagen sutil que representa a la mujer que va pasando al otro lado del cuadro, la obra tiene muy poco color, dejando disfrutar la elaboración del aluminio y la luz natural que trabaja sobre el soporte.

 

“Ante la dificultad de abarcar la realidad, el tema viene a ser un asa”, escribe Carlos Franco. Con esta premisa, el autor concibe el Arte –al que denomina “proceso de percepción-expresión”- como un órgano de los sentidos que permite aunar no sólo lo que se ve, si no lo que se intuye, lo que se imagina y lo que subyace como raíz de lo visible. De esta forma, su cosmogonía queda plasmada en sus obras como una versión más absoluta de la realidad, de la que van aflorando cada vez más detalles, más puntos de vista, más colores y más giros argumentales. Va de lo mayor a lo menor, de lo abstracto a lo concreto; intenta desbaratar la pretendida unicidad del sentido de las palabras, reivindicando sus propias capacidades liberadoras.