HÁPTICA

CRISTÓBAL ORTEGA

La llegada de la modernidad supuso un cambio en la narrativa de la Historia del Arte. Por primera vez, las producciones artísticas se alejarán del mimetismo para poner énfasis en los sentidos y los modos de representación. El movimiento denominado expresionismo abstracto, que debe su nombre a Harold Rosenberg, es un arte de expresión que abandona cualquier metáfora a favor de los sentidos persiguiendo el ideal de que las obras sean por sí mismas, tal y como sostenía Martin Heidegger. La creación artística de Cristóbal Ortega (Alhaurín de la Torre, Málaga, 1970) se inscribe dentro de esta praxis creativa con una obra que podría considerarse sinónimo del devenir espiritual.

Bajo el epígrafe HÁPTICA, la Galería Miguel Marcos se complace en invitarles a la primera exposición individual de Cristóbal Ortega. La trayectoria de este artista malagueño se ve íntimamente ligada a su formación arquitectónica que le impulsó a crear un arte vacío de todo contenido que pretendía ser una explosión de los sentidos.

La particular concepción pictórica de Ortega da lugar a obras en que amasijos de óleo abundan en los reversos. Una técnica que parte de la sudoración, es decir, del traspirar del óleo a través de las finas capas de lino. Colores que se entremezclan e interactúan generando sinergias y movimientos.

Influenciado por la estética de Deleuze, Cristóbal Ortega descubre en su pintura el poder del ojo háptico: la posibilidad de tocar con la mirada. Justamente, a través de su obra, establece un juego de miradas con el espectador a quien, entre otras cosas, le sugiere una reflexión a través del trazo enérgico del óleo que deja marcas de identidad. En el fondo, estas marcas de identidad dan lugar a títulos aleatorios que invitan a pensar “que el tiempo, una vez reflejado, se convierte en un momento en vez de en un a priori” (Theodor Adorno, Teoría estética, 1970).

Como vistas de río de fondo arenoso, blanquecino, en el que brotan flores, surgen torbellinos, amalgamas de hierbas, las obras de Ortega ofrecen una multitud de sonidos. Pinceladas líquidas se encrespan en un universo que anuncia un cambio. Lo esencial en sus obras surge de la armonización de contrarios, del ímpetu y la contención, de la expresión y la formalidad, del fondo y la forma, de lo que yace en lo profundo y de lo que se mueve en la superficie, de lo háptico.  

CRISTÓBAL ORTEGA (Alhaurín de la Torre, Málaga, 1970) vive y trabaja entre Pekín y Málaga. Estudia Arquitectura en la Universidad de Sevilla, dedicándose profesionalmente a la pintura desde los años 90. En el 2009, y tras una exposición en el Instituto Cervantes de Pekín, decide instalarse en China. Su obra se caracteriza por la representación de sucesiones de notas pictóricas de diversos timbres y formas, armonizadas como en una arrebatadora partitura.