FIN DE PARTIE

CHEMA COBO

Con Fin de partie, vuelvo al tema que me ocupa desde hace años: las trampas que las imágenes tienden al ojo del espectador.

Estamos rodeados de imágenes, vivimos entre ellas. Sin embargo la imagen no es ni una extensión mimética de la realidad ni tampoco un reflejo de si misma. Es un vaivén entre ambas opciones. Esta doblez, esta ambivalencia me obliga a visionar la realidad como una ficción y la ficción como si de una supuesta realidad se tratara.

Con estos cuadros intento señalar las diferencias entre lo que vemos superficialmente y lo que hay detrás de las imágenes.

La realidad es tan sutil como el telón de un teatro, lo creemos ver iluminado, cuando este se abre, nos descubre otro telón, y al verlo con otra iluminación nos parece nuevo, aunque sea el mismo.

Tal vez detrás de la cortina iluminada tan solo haya oscuridad, pero el haber visto antes la luz que iluminaba el telón, nos hace creer que seguimos viéndola.

Solo teatralizando, solo haciendo uso de las mascaras es posible poner en evidencia el que la imagen sea tan solo mera representación. Todo evento visto en imágenes es mera representación y su carácter es simplemente artificial.

Mi pintura no se ve movida por la realidad, no es realista, en el sentido de estar relacionada directamente con la vida inmediata.

Creo que entre pintura y realidad hay una frontera: nuestra magmática conciencia. Y esta es como una cinta pringosa de aquellas que se utilizaban para cazar moscas, en ella no solo se depositaban las solicitadas inoportunas invitadas sino todo tipo de residuo que flotara por el aire.

La pintura es una vaga, borrosa, desenfocada foto de los restos acumulados de la conciencia.

Este impreciso, viscoso magma de impresiones en la conciencia se ha convertido en modelos fijos de percepción que nos arrastran a creer ver la realidad como un modelo coherente.

Mi trabajo quiere ralentizar las miradas, creando cortocircuitos ( y cada vez evitando mas y mas distracciones formales).

En un cuadro siempre ha de haber algo que no sea lo que exactamente se espera. De hecho lo que intento, con una cada vez mayor economía de medios es forzar la visibilidad de las imágenes dadas, trastocando con sutileza aquello que se espera ver dados los elementos mostrados.

Tomo un objeto común y tan solo lo desplazo levemente…

El arte ocurre en este espacio entre la pura percepción y su interpretación automática y despierta nuevas maneras de ver. Procuro provocar esta interacción entre el espectador y la obra gracias a sucesivos huecos e incongruencias en la estructura narrativa..

Y luego, intento mantenerlo allí, en suspense, en un mundo de posibles. Como diría Becket: “Cien pájaros volando son infinitamente mas valiosos que uno en la mano”.

Esta exposición, Fin de partie, está, planteada –igual que las anteriores– para ser vista en un espacio determinado, en este caso la galeria Miguel Marcos en Barcelona. Si bien cada cuadro es autónomo y puede ser visto como tal, en relación con los demás invita a una visión y lectura más prolífica y compleja. A su vez cada uno de los espacios de la galería con sus cuadros es un acto de la obra final.

Chema Cobo