FIGURATION. PAINTINGS AND DRAWINGS

COLECTIVA

JUAN ANTONIO AGUIRRE, ALFONSO ALBACETE, MIQUEL BARCELÓ, MIGUEL ANGEL CAMPANO, CHEMA COBO, CARLOS FRANCO, JUAN NAVARRO BALDEWEG, MANOLO QUEJIDO

La Galería Miguel Marcos presenta Figuration. Paintings and Drawings, una exposición que recoge, bajo el leitmotiv de lo figurativo, la obra de ocho de los artistas vinculados a la Galería más destacados del panorama español de la década de los setenta y principios de los ochenta. Autores que, comprometidos con la generación de la que formaron parte, se ocuparon de enfatizar, difundir o defender la pintura como modo de vida y de pensamiento.

Como ya ocurriera en “Los años pintados” –muestra comisariada por Juan Manuel Bonet en torno a la colección de Miguel Marcos que pudo verse en Zaragoza (1994), Barcelona (1995) y Gijón (2001)–, la presente exposición es un ejercicio que revisa y recuerda las aportaciones que estos nombres dejaron inscritas en el terreno de la figuración. Una colección y unas aportaciones que construyen y definen algunas de las claves determinantes para entender a esta Nueva Generación.

Así, y desde este asidero discursivo, en el espacio galerístico dialogan distintos modos de acercamiento a la figura viva o inanimada. Distintas formas de ver, de pensar o de comprender que enaltecen las cualidades y las variedades de lo pictórico, desvelando una infinitud de posibilidades que se articulan no sólo a partir del objeto de representación sino también de los materiales o soportes con los que se corporeizan tales objetos. El resultado, una muestra selecta y heterogénea de obras que evidencian tales cualidades.

En esta heterogeneidad, la pintura terrosa y empastada de Barceló se encuentra con la sutileza y suavidad de los bodegones de Chema Cobo. La firme decisión de la pincelada negra sobre papel de Campano dialoga con la obra que formó parte del famoso Taco de Manolo Quejido, el “Telefonazo”. Se sitúa la colorista y monumental escena de una cabra y su pastor proyectada por Navarro Baldeweg frente a las figuras que Carlos Franco distribuye en un formato estrecho y apaisado. Y también confluyen la perspectiva nerviosa de Albacete con el cromatismo refinado de Juan Antonio Aguirre.

Una confluencia en la que, como señala Bonet en el catálogo de la exposición ya nombrada, se comparte un claro interés por abrir un debate en torno a la intensidad de la pintura y por volver a llamar la atención sobre las respuestas que los protagonistas de esta generación dieron a los retos que se plantearon en aquel momento. Un debate que sirve, en definitiva, para pensar “un presente que sigue mereciendo la pena, y que sigue provocando en nosotros, bastante a menudo, el tan denostado entusiasmo”.