ENGANYIFA

JOAN BROSSA

Joan Brossa (Barcelona, 1919 - 1998) odiaba el futbol. También odiaba a la banca, la iglesia y el arte de salón. El ejercicio en sí le traía sin cuidado, pero el deporte rey, como espectáculo de masas, como opio del pueblo, le sacaba de sus casillas. Ilustran su obra numerosos referentes a este aspecto del folklore contemporáneo, pero el más emblemático es la instalación Enganyifa (1998). Enganyifa alude a los típicos acertijos catalanes, pero también a la poética dadaísta, cuyo empleo del azar y la ironía son inseparables de la obra brossiana.

Brossa nos propone una amplia instalación en dos niveles: en el suelo, esféricos reglamentarios dispuestos al azar; y en la pared, una serie de pinturas figurativas que muestran patas de equinos, realizadas por estudiantes de distintas academias españolas de Bellas Artes. En Enganyifa, Brossa nos alerta del papel excesivo del mundo del futbol en la sociedad actual, a un tiempo que critica el arte realista ¿Nos estará proponiendo el poeta que chutemos metafóricamente los balones contra las pinturas académicas? ¿O simplemente equipara alta y baja cultura, como propusieron ya los surrealistas? 

Enganyifa es el título de un poema brossiano, incluido en el libro Calcomanies, que puede leerse en una de las paredes de la sala. Pero Enganyifa es también la última obra de Joan Brossa. La concibió para la galería Miguel Marcos, de Barcelona, poco antes de morir víctima de un trágico accidente doméstico. Es por ello que, a las dimensiones lúdicas y estéticas de la instalación, se les adhiere un sentido trágico, casi testamentario. 

Joan Brossa, poeta, dramaturgo y artista plástico, es el poeta vanguardista catalán más importante de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se distingue por su especial habilidad para trasladar el pensamiento poético más allá de sus fronteras habituales. Inclasificable, bebe tanto de la cultura popular catalana como de las vanguardias artísticas anteriores a la guerra civil española para entroncar con el conceptual y el arte povera. Libera el poema convirtiéndolo, sucesivamente, en imagen, objeto e instalación.