CARTOGRAFÍA NOCTURNA

ANTÓN PATIÑO

La exposición presenta una selección del trabajo de los dos últimos años. La obra de mayor tamaño “Cartografía nocturna” (200 x 400 cm) está integrada por dos piezas que se ensamblan en un ritmo unitario. Una maraña gestual que define un ámbito a modo de constelación simbólica. Los trazos perfilan unos espacios de carácter intersticial, donde la dialéctica figura-fondo establece resonancias visuales a partir de un vacío activo. Las imágenes en sus cuadros surgen por superposición o por aleación iconográfica, en un precipitado pictórico que busca mostrar asimismo las huellas del propio proceso de creación.

Una propuesta que ha recibido la denominación de “expresionismo conceptual” por parte del crítico norteamericano Donald Kuspit. Abstracción y figuración parecen postular un punto de encuentro en un lúcido equilibrio. “Como pintor interesado en los mapas, Patiño comprende que todo es un signo, algo que debe ser leído y descifrado. En este sentido, la realidad se transforma, entre otras cosas, en un estado constantemente en desarrollo de signos ocultos”, escribe John Yau en un texto sobre su trabajo.

El artista ha expresado a través de aforismos un acercamiento al proceso de abstracción que despliega en sus obras. Los escritos de “Mapa ingrávido” están formados por reflexiones fragmentarias que giran alrededor del proceso de creación y sus metamorfosis. En ocasiones ha hablado de una memoria líquida de la imagen. Mapa y territorio encuentran una forma de expresión unitaria en su pintura, hecha de hallazgos y superposiciones. Antonio García Berrio ha desarrollado una lúcida interpretación de “Caosmos. Encrucijada y espacio simbólica”, el libro donde Antón Patiño combinó pinturas con aforismos, imágenes y escritura en un diálogo abierto.

Los meandros oníricos de sus obras, las marañas lineales que se extienden por sus cuadros, las presencias de signos en expansión, las huellas de procesos aleatorios, el pintor ha hablado de la tierra del inconsciente, materia del sueño e instante ritual, laberintos de acción gestual, constelaciones fluidas, el cuadro como superficie de germinación, espacios intersticiales cohesionados por el vértigo de un vacío activo.

Escribe Andrés Sánchez Robayna en el texto que le dedica al artista titulado “Imantaciones”: “Asistimos en la obra de Patiño a parecidas ´expansiones fluídicas´, a la navegación por aguas o mares interiores. Pintar es fluidificar. Las imágenes brotan a partir de la fluidez de los signos, de su humedad originaria. Y, como en el caso de Henri Michaux, lo que la pintura cartografía es un paisaje interior: pulsiones, fuerzas, movimientos de la interioridad. (…) Todas las pinturas de Patiño podrían titularse justificadamente, caligrafías neuronales. Señalaba en su día Fernando Castro Flórez, con razón, que los signos de la pintura de Patiño son ´dibujos pulsionales que tienden a lo emblemático´.” 

“La pintura es el mapa del caos cartografiado en la materia. La pintura es mapa y territorio, superficie y concepto”: escribe Antón Patiño en uno de los aforismos de “Mapa ingrávido”.